
Messi vomitaba en la cancha. Pasó durante años con el Barcelona y con Argentina, y en 2018 él mismo explicó la causa en una entrevista con el programa La Cornisa: «He comido mal durante muchos años. Ya con 22, 23… le daba a los chocolates, alfajores, gaseosa». Cristiano, en cambio, llegó a la élite con el discurso del cuerpo como herramienta y nunca lo soltó. Dos caminos distintos hacia la misma mesa.
Messi: el cambio llegó después del Mundial 2014
El giro de Messi tiene nombre y fecha. Tras el Mundial de Brasil, por recomendación de su compañero de selección Martín Demichelis, empezó a trabajar con el nutricionista italiano Giuliano Poser. El propio Poser lo contó en 2015 a La Gazzetta dello Sport: Messi «eliminó los alimentos procesados y los reemplazó por alimentos ricos en vitaminas: cereales, verduras, pescado y aceite de oliva». Poser agregó una lectura que explica mucho: «Había ganado todo, pero quería mantener esa excelencia durante años y entendió que tenía que cambiar algo».
En 2017, en el Corriere della Sera, Poser detalló la base: cereales, fruta y verdura de temporada, frutos secos sin tostar, aceite de oliva extra virgen, huevos y pescado fresco. «Lo importante es que los alimentos estén elaborados lo mínimo posible», resumió.
Messi lo cuenta con menos solemnidad. «Ahora como bien. De todo pero ordenado. De vez en cuando un poco de vino tampoco me hace mal», dijo en la misma entrevista de 2018. Y sobre los vómitos: «Noté mucho el cambio con el tema de los vómitos. Se dijeron muchas cosas. Al final me acomodé y no pasó más». La temporada 2014-15, la primera con Poser, terminó con el triplete del Barcelona.
Cristiano: comer seguido, pescado y cero azúcar
Con Cristiano hay que separar lo que dijo él de lo que la prensa repite. En sus propias palabras, recogidas por Goal: «Como una dieta alta en proteínas, con muchos carbohidratos integrales, frutas y verduras, y evito los alimentos azucarados». También explicó el ritmo: «A veces como hasta seis comidas más pequeñas al día», y añadió que «beber agua es muy importante».
El pescado es el otro pilar. Según el Diario AS, pez espada, atún y bacalao son sus favoritos, y el bacalhau à brás, el plato portugués de bacalao con huevo y papa, aparece en cada perfil que se escribe sobre él. Giorgio Barone, el chef que cocinó para Cristiano en la Juventus, dio en 2026 a Covers la versión más cruda del régimen: «No come comida chatarra. Nunca. Ni siquiera de vacaciones. Nada de azúcar. Ni siquiera en el café». Barone también contó que cenaba muy temprano, porque «no se duerme bien con el estómago lleno», y que no comía nada antes del partido.
Sobre el sueño, la versión más difundida habla de hasta cinco siestas al día, como reportó AS en 2020. Es un dato de prensa, no una declaración del jugador.
Lo que un amateur puede copiar
Los principios detrás de esos hábitos están en la guía Nutrition for Football, que FIFA elaboró con su centro médico F-MARC a partir del consenso de Zúrich de 2005. Para un partido intenso recomienda entre 1 y 4 gramos de carbohidrato por kilo de peso en las seis horas previas; el error más común es comer demasiado poco antes de jugar y no reponer durante el juego.
Después del partido, la guía sugiere alrededor de 1 gramo de carbohidrato por kilo por hora durante las primeras cuatro horas, y señala que la proteína combinada con carbohidrato mejora la síntesis muscular cuando se consume poco después del esfuerzo. Sobre proteína total, el documento es menos entusiasta que la publicidad de los suplementos: la necesidad sube como máximo a 1.2-1.6 gramos por kilo al día, y la mayoría de los jugadores ya la cubre con comida normal.

La hidratación también tiene números. En clima caluroso, unos 500 ml en los 60 a 90 minutos previos al inicio, y después del partido entre 1.2 y 1.5 litros por cada kilo perdido en sudor.
El refrigerador de un deportista de lunes a domingo
Lo que comparten Messi y Cristiano se nota más en la cocina que en el plato. Comer «de todo pero ordenado» o seis veces al día exige tener la comida lista antes de que aparezca el hambre, y eso empieza con la compra de la semana. Pescado fresco, huevos, verdura, fruta, yogur y cereales integrales ocupan espacio y se echan a perder rápido si no hay dónde guardarlos bien.
Para alguien que entrena cuatro veces por semana y cocina para uno o dos, la escala es modesta: un refrigerador Hisense de 7 pies alcanza para la proteína de cinco días, el bote de arroz o avena cocida y la fruta cortada de después del entrenamiento. El método es el de cualquier nutricionista con un jugador: planear de lunes a domingo, cocinar en dos tandas y dejar porciones listas.
Uno necesitó diez años de carrera y un problema físico visible para ordenar su alimentación. El otro lo hizo desde el principio y convirtió esa disciplina en parte de su marca. Las tablas de goles y títulos no registran estos hábitos, pero uno sigue jugando a los 39 años y el otro a los 41, y eso también es un dato.
