¡Primer título oficial del llorón con el Al Nassr!
Después de fracasar estrepitosamente en 14 competiciones consecutivas…
Después de gastar más de 400 millones de euros en fichajes para competir contra equipos de nivel regional…
Después de echar a 4 entrenadores en 3,5 temporadas…
Después de multiplicar escándalos arbitrales toda la temporada…
¡Siuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!
¡Balón de Oro, ya!”
El llorón, haciendo lo que mejor se le da: llorar… por ganar una puta liga de los camellos… JAJAJAJA
Primer título del Al-Nassr de Cristiano, ha marcado un doblete hoy y es campeón de Liga. Si soy el primero en decir las derrotas, también comentar lo que gana. Era cuestión de tiempo que en su retiro exótico conquistara alguno.
Mirad los goles que marcó el llorón…
2 regalos enormes de la defensa
¡Qué nivelazo!
https://twitter.com/_reyyblanco_/status/2057545906581377273
https://twitter.com/_reyyblanco_/status/2057548221149286803
Por cierto, los jeques hicieron todo lo posible para que se acerque a los miles de goles antes del Mundial… Lamentablemente, los tropecientos penales regalados no fueron suficientes.
¡Tranquilos bichidiotas! El llorón romperá la marca la próxima temporada. Ojalá de penaldo… jajaja.
De todos modos, felicidades a los bicholovers del foro! 🏆
De todos modos, felicidades a los bicholovers del foro!
Gracias. Un campeonato más difícil de lo que cabría esperar. Un bonito adorno para su inmensa carrera.
41 años la criatura. Y seguramente hemos presenciado la penúltima temporada de su carrera.
Sólo le queda 1 más.
Bueno. Algo que comentar.
Felicitaciones al Madridismo y Ronaldismo por esta copa de leche, lo digo en serio, esto los hace feliz.
Desde luego, como era de esperar, ya está activa la más grande maquinaria del deporte en el mundo, vendiendo este título como un mundial. Cuando la realidad es que habría sido increíblemente insólito que luego de tanto dinero y disparidad, se fuera de Arabia sin título.
Ganan el título luego de que sus rivales bajaron un poco el nivel este año, y con la mejor plantilla de Arabia hoy, en la última jornada.
Al margen de eso, este año hubo quejas de ayudas arbitrales. Pero como se trata de que es a favor de Ronaldo, no hay nadie indignado hablando de favores y de corrupción. Cómo siempre, a mucha gente no le importa la verdad.
Pero bueno, título es título, así sea bien tarde. Felicidades a todos.
Por fin
Felicidades por el título #36.
Primer título exótico para el Bishito Siu Siu.
«Tarda en llegar y al final hay recompensa»
Cristiano ganó!
Sí… Sólo Cristiano…
“Jajaja… el llorón es una caricatura de sí mismo.
Si pierden, foto de todo el equipo.
Si ganan, foto de él solito
jajaja… Marca está perdiendo la cabeza… Su portada ahora mismo.
Gracias CR7 por el título el foro lo necesitaba 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 . Esto dará de comer tanto a Ronaldistas como Messitas hasta que comience el Mundial (ya falta poco al menos) .
Frases Célebres del Futbol.
«Si no puedes ganar, asegúrate de no perder» (Johan Cruyff).
«Ningún jugador es tan bueno como todos juntos» (Alfredo Di Stefano).
«Algo me permite aguantar los golpes y seguir luchando» (Lionel Messi).
«Vuestro odio me hace imparable» (Cristiano Ronaldo).
«Puedes ser todo lo virtuoso que quieras, pero no eres nadie sin tu equipo» (Zinedine Zidane).
«Me cortaron las piernas» Diego Maradona.
«Se las cortó él solito» Julio Grondona.
jajaja… Marca está perdiendo la cabeza… Su portada ahora mismo.
jajajajaja The Panflet Again no hay duda que generará click
Frases Célebres del Futbol.
«Si no puedes ganar, asegúrate de no perder» (Johan Cruyff).
«Ningún jugador es tan bueno como todos juntos» (Alfredo Di Stefano).
«Algo me permite aguantar los golpes y seguir luchando» (Lionel Messi).
«Vuestro odio me hace imparable» (Cristiano Ronaldo).
«Puedes ser todo lo virtuoso que quieras, pero no eres nadie sin tu equipo» (Zinedine Zidane).
«Me cortaron las piernas» Diego Maradona.
«Se las cortó él solito» Julio Grondona.
Mirad cómo se ponen los bichidiotas por una puta liga de los camellos…
Ahora imaginaos si Portugal llegara a ganar el Mundial…
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https://twitter.com/elchiringuitotv/status/2057555741884436567
Mirad los goles que marcó el llorón…
2 regalos enormes de la defensa
¡Qué nivelazo!
El valor de mercado de la plantilla del Damac es de 12,55 millones de euros…
Su estrella es un tal Valentín Vada (suspendido hoy por acumulación de amarillas – los jeques no querían tomar ningún riesgo), un argentino que empezó su carrera en la Ligue 1, llegó a la segunda división española a los 23 años y terminó su trayectoria en Rusia… antes de acabar en la liga de los camellos.
Que regalo ese tiro libre, total gol del arquero, y casi se lo sopla Iñigo martinez el gol.
Bien por el bicho, costo mas de dos mil millones este titulo (entre salario de la bestia Cr7, fichajes, penaldos, etc), pero salio al final.
Primer titulo oficial en Arabia, enhorabuena.
Puede decir que gano la liga con cada equipo que jugo.
Felicitaciones al chobi y a todos sus fans, al fin se les dió.
El mejor Messi siempre es el último
Que regalo ese tiro libre, total gol del arquero, y casi se lo sopla Iñigo martinez el gol.
Bien por el bicho, costo mas de dos mil millones este titulo (entre salario de la bestia Cr7, fichajes, penaldos, etc), pero salio al final.
Primer titulo oficial en Arabia, enhorabuena.
Puede decir que gano la liga con cada equipo que jugo.
¿Estamos ante el título más caro de la historia del fútbol?”
A mí me sorprende el marketing que el tipo tiene. Duras 3,5 años intentando ganar un título del montón en una liga súper dispareja, como una inversión de cientos de millones y el slogan no es el fracaso, el slogan es:
«Qué bestia competitiva, nunca se rindió».
Qué fuerte verlo al Bishito de Luz súper emocionado y llorando de felicidad por un título de una liga que hace 10 años atrás despreciaba y que según él mismo era «indigno» (obviamente hago referencia a sus declaraciones contra Xavi…)
A mí me sorprende el marketing que el tipo tiene. Duras 3,5 años intentando ganar un título del montón en una liga súper dispareja, como una inversión de cientos de millones y el slogan no es el fracaso, el slogan es:
«Qué bestia competitiva, nunca se rindió».
Nada sorprendente. Todo ese marketing no cae del cielo por obra del espíritu santo.
El llorón siempre estuvo rodeado de una maquinaria de marketing obscena.
Lo patrocinó Nike, la marca deportiva más poderosa del planeta y la que mejor vende relatos desde hace décadas.
Encima jugó en el Trampas de Florenvito, un club-estado con la maquinaria mediática más potente que ha tenido el fútbol. Una central lechera donde Florenvito designa a dedo quién come del relato y quién no. Ahí no solo se roban partidos: se fabrican narrativas y se inventan Balones de Oro.
Y por si fuera poco, durante años tuvo a Jorge Mendes, el agente más influyente y poderoso que tuvo el fútbol moderno. El tipo maneja clubes, presidentes, periodistas, patrocinadores, portadas y relatos. Hablamos de una estructura global dedicada a mantener la marca CR7 permanentemente en el centro de la conversación. Mendes hasta le terminó montando premios absurdos, los premios Jorge Mendes, para seguir inflando el personaje.
Entonces claro: te pasas 3 años y medio intentando ganar una liga semi-amateur después de una inversión ridícula de petrodólares, y el relato no termina siendo «qué fracaso», sino «miren qué animal competitivo, nunca dejó de creer» o «el llorón es el Rey de Arabia» como si hubiera ganado el puto Mundial a lo Maradona o a lo Messi.
A otro jugador lo estarían cocinando vivo por muchísimo menos. Pero con el llorón siempre existió esa necesidad industrial de convertir cualquier cosa en épica. Si gana, es una hazaña histórica. Si pierde, es culpa del entorno. Y si mete un penal contra albañiles y taxistas, te lo editan como si fuera la final de Qatar.
Y para entender hasta qué punto estaba armada la maquinaria alrededor suyo, basta leer algunas partes del libro Cristiano de Thierry Marchand. Ahí se explica cómo el entorno de Cristiano trabajaba obsesivamente la imagen, las narrativas y la construcción del personaje «CR7» como marca global. No es solo un futbolista: es un producto cuidadosamente fabricado y protegido.
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Extractos seleccionados del libro Cristiano de Thierry Marchand, periodista de L’Équipe y France Football:
Mendes y la Juve habían tirado la casa por la ventana. Tras el encuentro, dentro de una furgoneta negra con cristales tintados, el chófer del agente desafió los atascos a la salida del estadio para llevarnos al J Hotel, el flamante establecimiento de diseño moderno y depurado, propiedad del club turinés, situado a apenas unos cientos de metros del recinto deportivo. Andrea Agnelli, reconvertido en portero por un día, nos esperaba allí. Con una sonrisa franca, barba de tres días y un look elegantemente informal —no estamos en Italia por casualidad—, el carismático heredero de FIAT y dueño de la Juve nos abrió la puerta de servicio y nos condujo al gran salón de recepción, donde ya estaban Pavel Nedved, antiguo Balón de Oro y entonces directivo del club; Gianluigi Buffon, el eterno guardameta con aire de Casanova; la discretamente distinguida pareja de Agnelli; y los encargados de comunicación de Cristiano, entre ellos un recién llegado: Rui Pedro Braz. Braz era entonces un periodista de televisión, muy cercano a CR7 y con mucha influencia en Portugal. Hoy en día preside el club más grande del país, el Benfica. Unas horas antes lo había conocido en el salón del Palace Hotel, donde Mendes me había citado para un afternoon tea antes de partir hacia el Allianz Stadium sobre las 18:00. Onofre Costa, recientemente nombrado jefe de prensa de la FIFA, había dejado su puesto junto a Cristiano. Por un juego de sillas musicales, Braz ocupó el lugar vacante. Pero su función, menos protocolaria, se parecía más a la de un jefe de prensa personal que a la de un responsable de comunicación institucional. En las 48 horas siguientes a nuestra reunión, me envió una avalancha de información destinada a realzar el panegírico de Cristiano, y así aumentar sus opciones para el Balón de Oro 2019, donde Messi y el defensa neerlandés del Liverpool Virgil van Dijk partían como favoritos. Se trataba, en ese caso, de estadísticas sobre récords que CR7 acababa de batir o estaba a punto de hacerlo: primer jugador en marcar 30 goles o más durante trece años consecutivos, primero en ganar las ligas inglesa, española e italiana, primero en alcanzar las 100 victorias en Champions… Un inventario de dieciséis logros, solo para el año 2019. El delantero portugués no dejaba de mover las líneas de la historia.
La llegada de Braz al círculo de comunicación de CR7 no fue casualidad. Respondía a la voluntad de reconstruir el relato del delantero después de su fracaso en el Balón de Oro del año anterior.
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Había, por tanto, que volver a dar impulso mediático al mayor futbolista lusitano de todos los tiempos. Impulsar una nueva dinámica, como ese país en los márgenes del sur de Europa siempre ha sabido hacer a lo largo de los siglos para hacerse notar. Porque si bien, por su tamaño, su geografía y su economía, Portugal no tiene la huella de un gigante, ha logrado imponerse de nuevo como un protagonista inevitable del escenario futbolístico desde el surgimiento de CR7. El efecto Ronaldo, al que hay que sumar el impacto de Mourinho, generó una bola de nieve a principios de este siglo: la influencia de Jorge Mendes, su agente común, y la aparición de una diáspora futbolística que va mucho más allá del césped. En la época en la que realizo esta entrevista, Portugal es campeón de Europa. Onofre Costa se ha convertido en jefe de prensa de la FIFA y Pedro Pinto, también ex periodista y portugués, ocupa el mismo cargo en la UEFA, los dos organismos más influyentes del fútbol mundial. Fernando Gomes da Silva es vicepresidente de la UEFA y miembro del comité ejecutivo de la FIFA. Portugal ha sabido posicionarse estratégicamente en todos los frentes: desde los campos de juego hasta los banquillos, pasando por las oficinas… e incluso las aulas, ya que se imparten cursos de gestión deportiva para ejecutivos del fútbol en universidades locales. No se trata de una nebulosa que haya sido creada directamente por Cristiano, sino de un auténtico monstruo marino, cuyos tentáculos gigantescos envuelven ahora el mundo del fútbol con toda su fuerza.
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– «¿Cómo te sientes?»
Con esa pregunta de tono lastimero y de una banalidad absoluta, empecé la conversación, decidido a que las palabras de Cristiano fueran mi postre del día. El tiramisú no me había dejado satisfecho. El tema —no del todo definido— pretendía ser amplio. Sus límites abarcaban el partido de Copa de Europa de esa noche, el fútbol en general, la vida, la muerte, la eternidad… Evidentemente, jamás habría comenzado una entrevista de esa manera. Cuando se está trabajando, la familiaridad está prohibida. Tampoco esperaba que me soltara todo lo que llevaba en el corazón, aunque sabía que estaba cargado. Mendes me había contado su trauma. Cristiano arrancó directamente con un: «¿Cómo pudisteis darle el Balón de Oro a Modrić?», que, al menos, tuvo el mérito de reventar de entrada un absceso visiblemente purulento y con un año de antigüedad. Entonces le recordé las reglas: cerca de doscientos jurados internacionales, un voto por país, y la voluntad expresa de la redacción de France Football de no influir en la opinión de cada votante. Él sabía todo eso, claro está, intelectualmente hablando.
– «Pero el tipo del Caribe, que ve tres partidos europeos al año, ¿cómo hace para votar?»
El argumento era imbatible. Y por mucho que le explicara que los jurados eran periodistas deportivos con experiencia, cuidadosamente seleccionados por nosotros, su expresión escéptica me dejó claro que no iba a tragarse lo que —si bien no era una mentira— tampoco era una verdad del todo convincente.
–
Los minutos desfilaban en la esfera de mi reloj. Casi las 3 de la madrugada. La cuenta atrás empezaba a desgranar los preciosos instantes de confidencias, cuando la conversación se detuvo en el tema del momento, o al menos en el que me había traído de nuevo al Piamonte: el Balón de Oro 2019. Cristiano no era del tipo que te presume sus méritos como un vendedor de feria, ni tampoco trataba de convencerte formalmente de su grandeza. Ese papel se lo dejaba a su equipo de comunicación, perfectamente engrasado. Lo más curioso, de hecho, era que alguien aún creyera necesario imponerme ese tipo de discurso comercial tan repetitivo. Pero había, de forma constante en CR7 y su entorno, esa necesidad de explicar, de justificar, de convencer, que en el fondo no reflejaba otra cosa que una sola: la duda. Esa duda insidiosa y persistente que tenía nombre y apellido: Lionel Messi. «El otro tipo», como decía Mendes.
Cristiano respetaba lo que hacía Messi. Desde el fondo de su honestidad, estoy convencido incluso de que lo admiraba. Y quizás por eso mismo no odiaba al jugador, sino al hombre.
– «Es tan fácil quedarse en tu burbuja cuando tienes éxito», me soltó de repente, sin nombrar jamás directamente a la persona que alimentaba su resentimiento. «No salir nunca de tu zona de confort, como he hecho yo siempre. Mírame: tuve el valor de venir a Turín, de cambiar de club, de liga, de cultura futbolística. Me puse en riesgo. Tomé ese riesgo que, estoy seguro, me hizo perder el Balón de Oro el año pasado. No me arrepiento de nada, pero…»
Esa conjunción lo delató. Ese “pero” significaba, evidentemente, que sí, claro que se arrepentía.
–
Entonces decidí, probablemente para llevarlo hasta sus últimos rincones de vulnerabilidad, contarle mi primer encuentro con Messi, aquella visita a su villa en Castelldefels. Fue un lunes por la noche, ventoso y lluvioso, a finales de noviembre de 2009. Junto a otros cuatro periodistas de la redacción de France Football, habíamos ido a anunciarle al prodigio argentino que sería el próximo Balón de Oro. Su primer Balón de Oro. El delantero del Barça ya había sido avisado de nuestra visita. Uno no se presenta en casa de un jugador de ese calibre con un pack de cervezas bajo el brazo para improvisar una visita melancólica. Su padre y su agente de comunicación ya le habían puesto sobre aviso de la llegada de la delegación de FF, hacia las 19:30. En la penumbra de un invierno que apenas asomaba, cruzamos el portón de aquella amplia residencia, tenuemente iluminada, en un barrio ultra protegido y vigilado. Big Brother observaba, discretamente. A lo lejos, Barcelona iluminaba un horizonte oscurecido por la noche. Messi nos esperaba tras la majestuosa puerta, en ropa de domingo por la mañana. La televisión encendida delataba que acababa de poner en pausa la partida de PlayStation con la que mataba el tiempo en sus ratos libres. La paternidad aún no había trastocado el orden doméstico de su vida apacible, y su adicción a la consola reflejaba bastante bien el ritmo de sus noches y la psicología de sus veintidós años. Antonella, su compañera de siempre, estaba a su lado como un muro de contención. Para mi sorpresa, Messi pareció descolocado por la ceremonia de nuestra visita. ¿La habría olvidado? Un año antes, por el mismo motivo, Cristiano Ronaldo había recibido al séquito de France Football con una cena fastuosa a la luz de las velas y champán enfriándose en la cubitera. El argentino nos miró con desconcierto. Nos examinó. ¿Ustedes son…? ¡Ah sí, eso, el Balón de Oro!
Messi, evidentemente, no tenía ningún plan para celebrar aquella noche un triunfo que no se oficializaría hasta el domingo siguiente en el plató del programa Téléfoot. Al menos, no con nosotros. Casi nervioso, por no decir incómodo, preguntó de pronto si teníamos hambre. Corrió hacia el congelador, hizo un repaso rápido de los cajones y nos ofreció calentar unas pizzas congeladas, al más puro estilo de colegas que se juntan en casa sin ceremonia. Luego colocó sobre la amplia mesa del salón unas latas de Sprite y cacahuetes, a la espera de que las pizzas se sumaran al gran banquete del Balón de Oro. Era tarde, pero la escena que le relataba a Cristiano le hizo mucha gracia.
– «¿Sprite y pizzas? ¡Ah, no me jodas!»
Su boca dibujó una mueca reprobatoria y muda, que quería decir algo así como: «Qué poco estilo tiene este tío.» En el fondo, eso era lo que molestaba a CR7. Pensaba que Messi era un grandísimo jugador, pero que como persona estaba a años luz de su propia presencia, de su distinción majestuosa, de su aura imponente. El argentino era de otra especie, un talento innato encerrado en su propio genio. El virtuoso no había necesitado cultivarse una imagen, ni devolverle al mundo un poco de la gratitud con la que este lo había colmado. Para triunfar, Messi no había tenido ni que trabajar, ni que correr, ni que convencer. Y era precisamente eso lo que enfurecía a Cristiano. ¿Por qué él? ¿Y por qué no yo?
Sentía cómo le subía la bilis. Pero aun así me quedé estupefacto cuando me soltó esa sentencia despiadada, surgida directamente de su resentimiento atávico:
– «¡Si Messi gana el Balón de Oro este año, dejo el fútbol!»
La carga fue tan sorprendente como violenta. Instintivamente, sonaba como una amenaza disuasoria, y destilaba todo el rechazo que le provocaba aquel sin el cual habría reinado, sin discusión ni rivales, sobre el reino de los «pingüinos», como se suele apodar al mundo del fútbol. Esa diatriba significaba, sobre todo, que una nueva victoria del argentino le resultaba simplemente insoportable. Supondría el final de esa esperanza omnipresente en él: la de superarlo en el palmarés del Balón de Oro. La de dominarlo. Incluso humillarlo, aunque fuera solo por una temporada. La omnipotencia de Messi lo irritaba tanto que llegaba a hablar de tirar la toalla. Nunca más. Cristiano estaba harto de la sombra tutelar que proyectaban los 1,69 metros de Messi. Harto de verlo resurgir siempre de sus cenizas. Eso es lo que revelaba, en el fondo, esa frase tan cargada de sentido: un testimonio de impotencia. No, no había que tomarla literalmente y anunciar su retirada al día siguiente. CR7 era un irreductible, y jamás dejaría las armas. Pero estaba cansado. Un hartazgo pasajero, sí, pero hartazgo al fin y al cabo. Fue la primera y única vez que lo vi en ese estado de vulnerabilidad. Cuando me despedí esa noche, a eso de las 3:30, pensé que había hecho bien en esperar un año más. Le recordé nuestro encuentro de primeras horas de la tarde con un oportuno «hasta dentro de un rato», y tomé un taxi rumbo a mi hotel, en un Turín completamente desierto. Él me respondió con el mismo «hasta dentro de un rato», y se fue en coche a su casa para someterse a una sesión de crioterapia. No se pierden las costumbres.
Qué silencio quedó en este hilo de repente… jejeje
Llorar le sirvió de algo, salió campeón de la liga árabe. Pese al grito de voz de varios equipos diciendo que la liga está amañada, directa e indirectamente. Un papelón que solo puede ocurrir en ese continente.
Llorar también le sirvió para quitarle la sanción en la copa del mundo.
El final de carrera de Cr7 es lo que todos los bichilovers dicen que es la carrera de Messi.
Bien cogidos, todos.

